Meditación en acción

No trates de cambiar el mundo. Fracasarás.
Trata de amar al mundo. ¡Mira!
El mundo ha cambiado, ha cambiado para siempre.

Cuando meditamos en silencio con suma devoción, eso es una forma de meditación. Cuando intentamos dedicar nuestro trabajo a Dios o al mundo, eso es otra forma de meditación, a la que podemos llamar manifestación. En ese momento estamos sirviendo a la divinidad en la humanidad.

A fin de servir a la divinidad en la humanidad de manera efectiva, tenemos que sentir conscientemente la presencia de Dios en aquellos a quienes estamos sirviendo. Mientras hablamos con alguien, tenemos que sentir que estamos hablando con la divinidad que hay dentro de esa persona. De otro modo, si estamos simplemente ayudando a alguien a nuestra manera, sin ningún sentimiento consciente de dedicación al Supremo, ese trabajo no puede ser considerado una forma de manifestación o una meditación en acción.

Si rezamos y meditamos, sentiremos que Dios está dentro de todo el mundo, que Él es una realidad viva. Es cierto que Dios está en todas partes y en todas las cosas. Pero si rezamos y meditamos,entonces esa creencia mental deviene en una verdad viva y real para nosotros. En ese momento serviremos conscientemente a cada persona precisamente porque sabemos y sentimos que Dios está dentro de ella. Si no vemos a Dios, la verdad o la luz en nuestra acción, entonces nuestra mente física puede no estar convencida del valor de las cosas que estamos haciendo. Hoy serviremos a alguien y mañana diremos: “¡Ah, es un necio! ¡No tiene aspiración alguna ni buenas cualidades! ¿Por qué voy a servirle?” Si miramos a una persona sin la oración y la meditación, separaremos a la persona de su alma. Pero si rezamos y meditamos, veremos entonces el alma, la divinidad, dentro de cada persona, e intentaremos que su divinidad salga a la superficie.

Si rezamos y meditamos, nuestro trabajo será un servicio dedicado y este servicio dedicado nos ayudará a progresar espiritualmente. Hay muchas personas que trabajan quince, dieciséis horas al día. Pero su acción no es un servicio dedicado. Tan sólo trabajan mecánicamente para ganar dinero y cuidar de sus responsabilidades externas. Pero si deseamos realmente dedicarle nuestra vida a Dios y a la humanidad, entonces la oración y la meditación nos permitirán hacerlo.