Un tributo de Pir Zia Inayat-Khan

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Queridos de Dios, amantes del Mahaguru Hazrat Sri Chinmoy, apenas puedo hablar por la fuerza de mi sentimiento en este momento: estar aquí con vosotros marcando la transición de este gran santo, este gran hombre de Dios que ha tocado todas nuestras vidas tan profundamente, y sentir como su espíritu, moviéndose más allá del cuerpo físico, ha saturado la atmósfera, rodeándonos y abarcándonos con amor, guía y tremenda compasión.

Es un momento inolvidable ser testigo de la partida de una gran alma, sintiendo en nosotros la tristeza, la gran tristeza de saber que no tendremos más el privilegio de encontrarnos con él en su humanidad encarnada, y volviendo la vista con increíble ternura sobre esos momentos que tuvimos la buena fortuna de experimentar en su presencia, pero sabiendo también que en la muerte él no ha muerto. Los amigos de Dios no mueren. Su fuerza no es menor en este momento, sino más que nunca antes. Y él está más íntimamente unido con cada uno de nosotros en nuestros corazones, y siempre lo estará, hasta la Eternidad.

Que todos nos esforcemos por avanzar en el futuro llevando su amor en nuestros corazones y llevando su trabajo en nuestras manos. Él fue y es un visionario que vio la posibilidad de un hermoso futuro para este planeta, más allá de todas las divisiones de casta y credo, de nación y religión. Él fue un visionario de una civilización planetaria del espíritu, y es para nosotros ahora el servir a esa visión con todos nuestros corazones, todas nuestras mentes y todas nuestras almas.

Es un increíble privilegio para mí el marcar este momento con vosotros, compartir el gran amor que tengo en mi corazón por el Mahaguru Sri Chinmoy. Que la Paz y las Bendiciones del Ser Eterno Absoluto resuenen en nuestros corazones a través de la memoria y la persistente presencia de su continua gracia. Amén.