La Flauta Dorada

Un mar de Paz y Alegría y Luz,
¡qué lejos está de mi alcance!
En mí la noche llora agitada de tormenta,
y halla lugar para rugir y desatarse.

Imploro en alta voz, mas todo en vano;
¡la tierra ingrata y yo desamparado!
Qué alma de poder compartirá mi duelo,
el dardo de la muerte es todo lo que hallo.

Una balsa en el mar del Tiempo soy,
mis remos han sido arrastrados.
¿Cómo puedo esperar alcanzar la región
del Día eterno de Dios?

¡Pero, atención! Oigo Su Flauta Dorada.
Sus notas traen la cumbre al descender.
A salvo estoy, ¡oh, Absoluto!
¡Se fue la muerte,
se fue el severo ceño de la noche!