La universalidad de la religión

La ‘Iglesia Universalista de Nueva York’ es para todas las religiones del mundo. Es una familia que crece en un solo Hogar. Este Hogar es la encarnación del Corazón. El Corazón es la encarnación de la Verdad. La Plenitud está allí donde se encuentra la Verdad.

¿Por qué necesitamos la religión? Necesitamos la religión porque queremos ir más allá de lo finito para poder comulgar con lo Infinito. Esto no sólo es posible sino también inevitable, puesto que en nosotros hay un ser consciente que prevé la Realidad de Dios en su totalidad.

La religión es una experiencia espontánea y nunca un conocimiento teórico. Esta experiencia es inmensamente práctica y podemos usarla de un modo consciente en todo momento de nuestra existencia terrenal.

La religión jamás ha sido impuesta sobre el hombre sino que ha surgido de la más profunda necesidad de su ser interior. Cuando este ser interior aflora a la superficie y mira a su alrededor, siente la Inmanencia de Dios, que abarca todo; y cuando mira hacia arriba, siente la Trascendencia de Dios, que sobrepasa todo, como su propia herencia divina.

La religión tiene dos vidas: la externa y la interna. Ofrece su vida externa a los buscadores en la etapa preliminar de aspiración vital y emocional. Ofrece su vida interna a la meditación universal y a la realización de Dios.

La religión en lo físico es un clamor inconsciente por Dios; en el plano vital es una lucha ciega por poseer a Dios; en la mente, una pelea constante por conquistar a Dios; en el corazón, un llanto consciente por sentarse en el regazo de Dios; y en el alma, una barca de Conciencia que anhela navegar entre las riberas de la Infinitud siempre trascendente y la Inmortalidad siempre floreciente.

La inmoralidad quiere arruinar a la religión. Dios le dice a la religión: «No temas hija Mía, te estoy dando la fortaleza indomable de la moralidad». El egoísmo quiere ahogar a la religión. Dios le dice a la religión: «No temas hija Mía, te estoy colocando en la inmensidad siempre extensiva de la universalidad». La muerte quiere devorar a la religión. Dios le dice a la religión: «No temas hija Mía, estoy haciendo de ti la personificación de la inmortalidad».

Ciencia y religión. La gente dice que la ciencia y la religión están siempre reñidas. No es necesariamente cierto. La ciencia desempeña su papel de una manera dinámica al interpretar lo inmanente de Dios. La religión desempeña su papel de una manera divina al interpretar lo trascendente de Dios. La ciencia trata con el mundo físico, mientras que la religión trata con el mundo interno y espiritual. La Mente es el estudiante y la Naturaleza el profesor de la ciencia. El Corazón es el estudiante y el Alma el profesor de la religión.

Filosofía y religión. La filosofía y la religión son dos amigas íntimas. La filosofía alcanza el cenit de la perfección cuando está  inspirada por la fe, la visión, la experiencia y la realización de la fervorosa religión. Y con la ayuda de una filosofía alerta y sana, la religión se libera de las trampas de la superstición, la excentricidad y la fantasía.

La moralidad y la espiritualidad en la religión. La moralidad en la religión es un viaje estable hacia una vida ideal. Este viaje parece ser interminable a veces. Sin embargo, encarna una aproximación del ideal visualizado, la meta. La espiritualidad en la religión es completamente consciente de su Infinitud implícita. Transporta a un individuo aspirante a la Morada viva de Dios. La Infinitud que la espiritualidad revela en la religión se hace real mediante un espontáneo impulso interno. Para el aspirante religioso, la esperanza vuela hacia la certeza, la lucha se convierte en conquista y la fuerza de voluntad es atraída por el Cumplimiento absoluto.

Individualidad y universalidad. La universalidad no significa ni puede significar la extinción total de la llama ascendente en el corazón humano individual. Al contrario, cuando el individuo se trasciende a sí mismo en el continuo proceso de universalización, habitará con toda seguridad en los reinos más profundos, más vastos y más elevados de la Luz, la Paz y el Poder. Sólo entonces se convertirá en su propio Ser verdadero, su Ser Eterno. Sin duda, al principio mismo, sentirá un conflicto deplorable entre la individualidad y la universalidad. Pero este sentimiento suyo no durará siempre puesto que el conflicto mismo contiene dentro de sí la posibilidad de un acuerdo de lo más convincente, una pura amalgama de singular trascendencia.

Fe religiosa. La religión sin fe es como un cuerpo sin vida. La fe religiosa es una experiencia transformadora y no simplemente una idea. La fe posee la llave mágica del descubrimiento de uno mismo. El descubrimiento de uno mismo es el descubrimiento fidedigno de la Realidad. La fe es un participante activo en el Amor divino, la  Armonía  y  la  Paz.  Por último, la  fe transporta a la religión hacia el Deleite todo-abarcador del Más Allá.

El pecado en la religión. Es cierto que el concepto de pecado abunda en la religión. ¿Qué es el pecado? No es nada más que una experiencia de imperfección. Esta imperfección existe sencillamente porque la creación está todavía en desarrollo. La perfección debe necesariamente aparecer en la creación. Es cuestión de tiempo. La creación es acción, un constante movimiento hacia adelante, hacia arriba y hacia adentro. La evolución es el canto inmortal cantado por la creación perpetuamente. El pecado de hoy es la imperfección personificada. La virtud de mañana es la perfección encarnada.

Dos cosas comprenden la creación entera de Dios: lo finito y lo Infinito. Cuando yo, lo finito, asciendo, se trata de mi auto-realización. Cuando Dios, el Infinito, desciende, se trata de Su Auto-manifestación. Cuando yo entro en Él, lo Más Elevado, Él me obsequia con Su Unidad. Cuando Él entra en mí, lo más bajo de mí, yo le ofrezco la multiplicidad que Él mismo me confió cuando mi alma descendió a la tierra, para revelarle y colmarle.

Todas las religiones en esencia son una, inseparable. Cada religión es un sendero infalible que conduce a la Verdad eterna y es una manifestación apropiada de esa Verdad. La religión no cambia, pero las religiones deben experimentar vicisitudes en lo que concierne a la forma externa, las costumbres, los hábitos, el ritual, las circunstancias y el entorno. «Unidos nos sostenemos, divididos caemos». Esta máxima, tan a menudo citada, puede aplicarse con propiedad al tema de hoy. La fortaleza unida de todas las religiones conoce el secreto supremo de que ninguna religión individual debe ser despreciada. Si falta la fortaleza unida, entonces ninguna religión puede sostenerse con su cabeza erguida. La religión es una. Pero se expresa a través de muchas, de las abundantes religiones.

Me siento profundamente orgulloso de estar aquí en la Iglesia Universalista porque mi corazón proclama públicamente la verdad de que la religión que es universal es el núcleo de todas las religiones, y que la realización de la  religión universal no es monopolio de alguna persona en particular. Cualquier individuo, independientemente de su casta, credo o nacionalidad, puede tener la realización de esta religión universal, si tiene la imaginación dinámica, la inspiración creativa y la aspiración colmadora para asimilar el espíritu de todas las religiones.    

Yo soy hindú. Estoy orgulloso de mi hinduismo. Mi hinduismo, Sanatana dharma, la religión eterna, me ha enseñado: Aham Brahma, «Yo soy el Brahman, el Uno-sin-segundo». Usted es cristiano. Está orgulloso de su cristianismo. Su divina religión le ha enseñado: «Mi Padre y yo somos uno». Ahora bien, si yo soy hindú en el sentido más puro del término, debo ser un cristiano hasta la médula puesto que, en lo profundo de mí, lo que veo, siento y llego a ser es la Verdad universal. ¿Qué es la Verdad? La Verdad es nuestro Padre Divino. A un niño no le importa que su padre físico sea llamado hermano por unos, tío por otros, sobrino por un tercero y amigo por una cuarta persona. Él es igualmente feliz con la aproximación de cada individuo hacia su padre. Asimismo, cuando las diferentes religiones se acercan a la Verdad, a nuestro Padre Divino, cada una a su manera propia, tenemos que ser supremamente felices. Porque cada religión quiere la Verdad y sólo la Verdad.

–Sri Chinmoy, del libro "Yoga y Vida Espiritual"