La quintaesencia del hinduismo

Ofrezco mi sentida y profunda gratitud a nuestro muy reverenciado Rabino Ronald Millstein por brindarme su cordial invitación para hablar sobre Hinduismo. Sin  duda, es un gran privilegio y placer dirigirme a esta distinguida audiencia. El Rabino me ha hecho saber que esta es una sinagoga liberal, lo cual me hace sumamente feliz. Para mí, la palabra «liberal» tiene un significado especial; significa una verdad tan luminosa y poderosa como el sol, tan vasta como el universo. Es en el entendimiento liberal de todas las fes religiosas, donde podemos esperar alcanzar la tolerancia. La tolerancia nos ayuda en gran medida a poner punto final a antiguos prejuicios nacidos de la ignorancia.

Y ahora, mi corazón desea compartir con ustedes unos cuantos pensamientos sobre el Hinduismo. Permítanme, en primer lugar, contarles una breve historia:

Un gran sabio de la antigua India, llamado Bhrigu, quería poner a prueba a los tres principales dioses, la gran Trinidad del Hinduismo: Brahma, Vishnu y Siva. Deseaba determinar cuál de ellos era el más grande. Se acercó a Brahma, pero sin mostrarle ningún respeto; Brahma quedó muy disgustado con él. Con la misma falta de respeto, Bhrigu se acercó a Siva, el cual se enfadó violentamente. Cuando se acercó a Vishnu, encontró a la deidad durmiendo; así que Bhrigu puso su pie sobre el pecho de Vishnu para despertarlo. El dios se alarmó mucho al ser despertado de una manera tan ruda, y de inmediato comenzó a masajear afectuosamente el pie de Bhrigu, diciendo: «¿Tienes lastimado el pie? Cuanto lo siento». De esta manera Bhrigu descubrió que Vishnu era el más grande los tres dioses.

La tolerancia mostrada por el dios en esta historia no fue debilidad sino la generosidad del corazón. Y aún más, provenía de un sentimiento de unicidad. Si mientras dormimos nuestro codo se golpea con alguna parte del cuerpo, no nos enfadamos con el codo, sino que le damos un masaje. De modo similar, el Hinduismo procura considerar a la humanidad como un gran cuerpo.

El Hinduismo es un río que fluye dinámica e incansablemente. El Hinduismo es un  árbol que crece consciente y divinamente. El Hinduismo es variedad. El Hinduismo es único en su aspecto de Madre. Esta es bendecida con hijos que abrigan concepciones diversas de Dios. Uno de sus hijos dice: «Madre, no hay ningún Dios personal». «Ya veo, hijo mío», le responde ella. El segundo hijo dice: «Madre, si hay un Dios, sólo puede ser Personal». «Ya veo, hijo mío», dice ella. El tercer hijo dice: «Madre, Dios es a la vez Personal e Impersonal». «Así es, hijo mío», responde ella. Y ahora les dice: «Sed felices, hijos, sed felices. Perseverad en vuestras propias creencias y aprended por medio de ellas. Creced a través de ellas y sed siempre fieles a vuestros ideales». Verdaderamente, éste es el Corazón de Madre del Hinduismo.

El Hinduismo se mantiene fiel a la ley interna de vida que es la herencia común del género humano. Siempre que uno sea un buscador de la Verdad, no importa si es teísta, ateísta o agnóstico. Cada alma humana tiene su propio lugar en el ideal hindú de la espiritualidad. Significativas son las palabras de Gandhi: «El Hinduismo es un implacable seguimiento en pos la Verdad. Es la religión de la Verdad. La Verdad es Dios. La negación a Dios la hemos conocido. La negación a la Verdad no la hemos conocido».

EL PASADO DEL HINDUISMO

Es absurdo sostener que la India del venerable pasado desempeñó exclusivamente el papel de renunciamiento al mundo. Nuestros antepasados aceptaron la vida con plena fe. Creyeron claramente en la vida misma como un gran poder.

Nuestros padres védicos expresaron su anhelo de vivir  una vida larga y radiante cuando cantaban:

Tach chaks ur debahitam...

«Que por cien otoños podamos ver
    ese Ojo lustroso,
Comandado por Dios, alzarse ante nosotros.
Que cien otoños vivamos;
Que cien otoños oigamos;
Que cien otoños hablemos favorablemente;
Que cien otoños mantengamos
    altas nuestras cabezas;
Sí, incluso más de cien otoños».

Con pleno ahínco, trataron de sondear y comprender el misterio de la vida. Aceptaron la tierra con sus alegrías y pesares, con sus esperanzas y frustraciones. Más aún, querían vivir el dueño y señor de la vida. Fueron, en consecuencia, intrépidos e inflexibles en su oposición al mal. Querían que sus almas fueran absolutamente poseídas por el Supremo y, al mismo tiempo, aspiraban a servirle en el mundo

Nuestros ancestros védicos descubrieron la existencia de dos vidas: la vida ordinaria y la vida superior. Otorgaron la debida importancia a las actividades físicas, vitales y mentales, pero con vistas a entrar en una vida superior, espiritual, una vida de conocimiento, luz y verdad más iluminados. Una vez establecidos en esa vida superior, sabían que el alma recibiría apoyo absoluto de los miembros de su familia, el cuerpo, el vital, la mente y el corazón, para su plena manifestación y expresión. Por lo tanto se hizo inevitable el ideal de un conocimiento especial que condujese a la liberación del alma humana aspirante. Nuestros ancestros fueron realistas que sintieron que la alegría espontánea de la vida alimentaría el cuerpo y fortalecería el alma. Sabían que el secreto del crecimiento era la libertad. Proclamaron:

Uru nastanve tan...

«Danos libertad para nuestros cuerpos,
Danos libertad para nuestra morada,
Danos libertad para nuestra vida».

Esta era una libertad para ayudar a desatar el nudo de la ignorancia. Fueron positivos en su aceptación de la vida; positivos también en su aspiración a la Inmortalidad

EL PRESENTE DEL HINDUISMO

Es fácil insistir en que la India del pasado fue sublime mientras que la India de hoy es cualquier cosa menos eso. Pero se equivocan los que piensan que el Hinduismo antiguo es la única parte de la vida de la India que merece estudiarse. El presente de la India también tiene mucho que aportar al mundo en general. La luz de su alma, sin prestar atención al reconocimiento externo, está desempeñando un importante papel en despertar del corazón del mundo, y está finalmente destinada a inspirar a la humanidad con el mensaje de la verdad, el perdón y la amabilidad universal.

El Hinduismo es una aspiración dinámica, cargada divinamente. En el curso de su viaje eterno, el auto-ofrecimiento ha sido su mismo hálito de vida.

El Hinduismo es complejo pero siempre ha mantenido y por siempre mantendrá una nota distintiva: la nota de la espiritualidad. Un verdadero hindú mantendrá encendidos sus ideales, no importa cuán dañinos sean los cambios efímeros, cuán poderosas las fuerzas destructivas. El Dr. Radhakrishnan, el filósofo-rey, arroja abundante luz sobre el tema:

«Cuando las ataduras de una vieja cultura están quebrándose, cuando los modelos éticos están disolviéndose, cuando estamos siendo elevados fuera de la apatía o despertados de la inconsciencia, cuando hay en el aire el fermento general, la conmoción interna, la crisis cultural, entonces, una marea alta de agitación espiritual se precipita sobre las gentes y percibimos en el horizonte algo novedoso, algo sin precedentes, el inicio de un renacimiento espiritual».

El mundo actual está anhelando conscientemente la unidad. El Hinduismo enseña que la unidad de la India es su unicidad de visión espiritual, su plenitud integral. La humanidad está llegando a convencerse de una verdad: que las vidas material, intelectual y espiritual pueden correr lado a lado verdaderamente para lograr la victoria final de Dios aquí en la tierra.

–Sri Chinmoy, del libro "Yoga y vida espiritual"