La Voz Interna

Seré veraz, pues hay quienes confían en mí.
Seré puro, pues hay quienes se interesan.
Seré fuerte, pues hay mucho que sufrir.
Seré valiente, pues hay mucho que osar.
–Howard Arnold Walter

Para ser veraces, puros, fuertes y valientes, lo que necesitamos es la voz interna.
Nuestra voz interna es el poder-Verdad dentro de nosotros. Nuestra voz externa es el poder-dinero fuera de nosotros.
El ser humano no es lo bastante puro como para ver el poder-Verdad operando en su mundo externo de deseos y demandas. El ser humano no es lo bastante afortunado  como para ver el poder-dinero operando en su mundo interno de aspiraciones y necesidades.
El poder-Verdad utilizado para la humanidad y el poder-dinero utilizado para la Divinidad pueden cambiar y cambiarán el rostro del mundo.
El poder-Verdad levantará e iluminará a la humanidad adormecida y oscura. El poder-dinero servirá y colmará a la Divinidad aún no colmada sobre la Tierra.

La voz interna es la riqueza del corazón. Cuando un aspirante utiliza esta riqueza, ésta sonríe con toda el alma. Cuando un incrédulo o un escéptico utiliza está riqueza, es sofocado sin piedad.
La voz interna nos dice que ayudemos al mundo únicamente conforme a la Voluntad expresa de Dios. Si la ayuda es rendida de otro modo, está destinada a convertirse más adelante en una completa calamidad. No es sólo divinamente liberal sino supremamente bienaventurado aquel cuya ayuda a otros está inspirada por Dios y ordenada por Dios.

Dar algo requerido después de pensarlo es dar una vez. Dar algo a quien lo pide es dar dos veces. Dar algo no buscado es dar tres veces. Dar algo cuando Dios quiere que sea dado es darlo para siempre, junto con el propio corazón y alma.

Nunca oiremos el canto de la voz interna si hacemos amistad consciente o inconscientemente con la ansiedad. ¿Qué es la ansiedad? Es el destructivo respirar de la pobreza de la vida.
No puede haber mejor elección ni mayor premio que escuchar a la voz interna. Si voluntariamente rehusamos a escuchar la voz interna, nuestras falsas ganancias nos conducirán a una inevitable pérdida. Y si escuchamos fervorosamente a la voz interna, nuestras verdaderas ganancias no sólo nos protegerán de la inminente destrucción sino que también acelerarán sorprendentemente nuestra realización de la Verdad Trascendental.
Un aspirante debe darse cuenta de que la voz interna no es un regalo, sino un logro. Cuanto más fervorosamente la procura, antes la posee inequívocamente.

La sinceridad le dice al hombre que debería estar verdaderamente orgulloso de tener la voz interna que todo lo discierne. La humildad le dice al hombre que debería estar supremamente orgulloso de que la voz interna, que elude el error, realiza lo correcto y colma el bien, lo tiene a él.

La voz interna es al mismo tiempo la guía incansable del hombre y su amiga verdadera. Si una persona profundiza en su interior, la voz interna le dirá qué hacer. Si profundiza más, la voz interna le dará la capacidad para hacerlo. Si profundiza más aun, la voz interna le convencerá de que está haciendo lo correcto y de la manera correcta.

Hay una palabra muy dulce, pura y familiar para nosotros. Esta palabra es conciencia. La conciencia es otro nombre de la voz interna. Divinamente inspirada es la afirmación de Shakespeare: “Siento en mi interior una paz por encima de todas las ansiedades terrenales, una conciencia quieta y tranquila.”

La conciencia puede vivir en dos lugares: en el corazón de la verdad y en la boca de la falsedad. Cuando la conciencia nos golpea una vez, debemos pensar que nos está mostrando su amor incondicional. Cuando nos golpea dos veces, debemos sentir que está mostrándonos su cariñosa atención sin reservas. Cuando nos golpea tres veces debemos comprender que nos está ofreciendo su compasión sin límite para evitar que nos sumerjamos profundo en el mar de la ignorancia.

Rousseau dice algo bastante llamativo: “La conciencia es la voz del alma, así como la pasión es la voz del cuerpo. No es raro que a menudo se contradigan una a otra.”

Conciencia y pasión no tienen por qué contradecirse una a otra si la persona aspira a ofrecer la luz de su corazón a su pasión y la entrega de su corazón a su conciencia. De esta manera, puede fácilmente trascender esta contradicción aparentemente irreconciliable. Una vez que la persona ha trascendido toda contradicción, puede cantar poderosamente con Whitman: “¿Me contradigo? Muy bien, entonces me contradigo. (Soy grande, contengo multitudes.)”

Si quieres ser una buena persona, contradícete cuando la sinceridad lo demande. Si quieres ser una gran persona, no te contradigas ni siquiera cuando la necesidad lo demande.

El miedo pregunta: “¿Es seguro?” La duda pregunta: “¿Es cierto?” La conciencia pregunta: “Si no Dios, ¿quién más?, ¿qué más?”

Dios ha ordenado a la voz interna que sea amiga de las almas aspirantes y juez de las almas no aspirantes.

La voz interna es el templo dentro de nosotros. La voz interna es la deidad dentro de nosotros. La voz interna es el deber divino dentro de nosotros. La voz interna es la necesidad suprema dentro de nosotros. La voz interna no sólo es constancia constante, sino también perfección perfecta.

Universidad de Siracusa
Siracusa, Nueva York
1 de octubre de 1969