El Hombre y su Meta
La falsa meta del hombre es el amor humano. El amor humano fracasa
tristemente. La falsa meta del hombre es la belleza física. La belleza
física se halla solamente al nivel de la piel. La falsa meta del hombre
es el dinero y la riqueza material. “Es más fácil para un camello pasar
por el ojo de una aguja que para un hombre rico entrar en el Reino de los
Cielos.”
La verdadera meta del hombre es la Verdad. La Verdad lo despierta
de su sueño de ignorancia. La verdadera meta del hombre es la paz. La
paz lo alimenta, su vida interna y externa. La verdadera meta del
hombre es la dicha. La dicha lo inmortaliza, a él y a su aliento de vida.
Auto-realización:
esto es lo que el hombre necesita de Dios. Amor: esto es lo que Dios
necesita del hombre. Fe: esto es lo que Dios siempre tiene en el
hombre. Pero, ¡ay!, el hombre todavía tiene que desarrollar la fe en sí
mismo y la fe en Dios.
El hombre dice sin titubear: “Si tuviera
tiempo, amaría a Dios. Si tuviera tiempo, adoraría a Dios. Si tuviera
tiempo, incluso lloraría por Dios.”
Pero el pobre Dios tiene tiempo. Tiene tiempo para perdonar la
estupidez sin fin del hombre. Tiene tiempo para bendecir la
desvergonzada mente del hombre y otorgarle todas sus verdaderas
necesidades.
Tiene tiempo incluso para llorar por la sinceridad aún no nacida del
hombre.
El
hombre y Dios. Traten de realizar a Dios. Tanto Dios como el hombre les
dirán: “¡Estupendo, adelante!” Traten de explicar a Dios. El
hombre les dirá inmediatamente: “¡Alto!, ¡No menosprecien a Dios, no
torturen a Dios!” Dios dirá: “¡Alto!. ¡Al menos por mi causa, no engañen
a los hombres, no engañen a Mis hijos!”
No intentemos explicar a
Dios. Si lo hacemos, nuestra ignorancia quedará expuesta. Esforcémonos
todos por realizar a Dios. Para eso, lo que necesitamos es la
meditación. Meditemos, meditemos en Dios.
El hombre tiene que caminar lejos, muy lejos. Tiene que alcanzar las
riberas del Dorado Más Allá. Tiene que caminar lenta, firme e
inequívocamente. Pero debe caminar hacia delante, no hacia atrás.
Licoln
invita al hombre, su camarada viajero, a cantar con él: “Soy un
caminante lento, pero nunca camino hacia atrás.”
Creemos en la evolución. El hombre no está regresando al reino animal.
El hombre está avanzando hacia el Reino de los Cielos, que respira, crece y resplandece perpetuamente en lo más íntimo
de su corazón.
Todos queremos nadar en el mar del conocimiento. Pero, ay, el conocimiento no es
suficiente. Hay otro mar. Es el mar de la Luz, la Paz, el Deleite y el
Poder divinos. Este mar les da la realización y la liberación. Tendrán
la realización de su unicidad consciente e indivisible con Dios.
Tendrán la liberación de las ataduras de milenios. Este mar les da
plenitud infinita. Algo más: este mar les hace sentir de una manera
perfectamente convincente que son verdadera e inequívocamente el
Dios de mañana.
¿Quién
dice que el hombre está durmiendo? No es cierto. El hombre se
despertó con sus abundantes deseos, pero era vergonzosamente temprano.
Descubrió que Dios no estaba dispuesto y nunca estaría dispuesto a
recibirle.
El hombre se despertó con su ardiente aspiración, pero
llegaba imperdonablemente tarde. Aún así, Dios estaba ansioso por
recibirle, abrazarle y, finalmente, colocarle en Su propio Trono
trascendental.
Universidad del Estado de Nueva York
College en Farmingdale
Farmingdale, New York
11 de diciembre de 1968