Cómo complacer a Dios

¿Cómo complacer a Dios? Puedo complacer a Dios ofreciéndole lo que tengo y lo que soy. Lo que tengo es gratitud. Lo que soy es aspiración. Si quiero complacerle más, entonces nunca debo considerar mi vida como un triste fracaso, sino más bien como una constante experiencia Suya. Si quiero complacerle al máximo, no sólo en uno sino en cada aspecto de la vida, entonces debo sentir que, a diferencia de mí, Él ve mi vida, interna y externa, como el Canto de Su propio Aliento de Vida, el Canto de Su Perfección, creciendo hacia Su perfecta Perfección absoluta.

¿Sabes cuándo haces daño a Dios? Haces daño a Dios en el momento en que subestimas tu capacidad interna. Haces daño a Dios en el momento en que exageras tu auto-impuesta responsabilidad externa. Le haces daño profundamente cuando acaricias la fútil idea de que la realización de Dios no es para ti. Con toda seguridad, tu realización de Dios es la más poderosa afirmación, la mayor certeza a la Hora escogida por Dios.

Desafortunadamente, hay personas en cuyas vidas no surge para nada la idea de complacer o hacer daño a Dios. No creen que Dios exista. Es cierto que no han visto a Dios, pero eso no significa que estén cualificados para negar Su existencia. ¿Qué hay sobre aquellos que Lo han visto, sentido y realizado, y están colmándole en este y en los otros mundos? Les digo a los incrédulos y a los escépticos que no sólo están engañándose despiadadamente a sí mismos en la vida interna de divinidad, sino también llevándose interminablemente a sí mismos lejos, muy lejos de la vida externa de realidad.

El anhelante deseo de Tomás el discípulo de Cristo por tener una prueba, es encontrado por todo el mundo. “Bienaventurados los que no han visto, y sin embargo han creído.” Dejemos que el mensaje del Hijo de Dios reverbere en los rincones más íntimos de cada corazón humano, aspirante o no aspirante, inspirado o no inspirado. Hoy la fe es precursora de la realidad. Mañana, la fe y la realidad se moverán juntas. Pasado mañana, la fe y la realidad se colmarán una a otra. La fe colma a la realidad en su encarnación de la realidad. La realidad colma a la fe al revelarse a través de ella.

El sentimiento de gratitud hace a una persona realmente feliz, y Dios está complacido cuando una persona es verdaderamente feliz. Dostoyevsky declaró: “Creo que la mejor definición del hombre es la de bípedo desagradecido”. Esto tal vez sea cierto cuando una persona nada en el mar de la ignorancia de su cuerpo. Pero cuando una persona vive y nada en el mar de la luz de su alma, se siente llena gratitud. Ella es la constante expresión y la espontánea revelación de Dios el Receptor y Dios el Ejecutor.

Según Paul Valery, “El alma es la esposa del cuerpo. Ellos no tienen el mismo tipo de placer o, al menos, raramente lo disfrutan al mismo tiempo.” En primer lugar, el mundo espiritual ha descubierto con certeza que el alma no es ni masculina ni femenina. Está por encima y más allá de estas dos zonas divisorias. Por consiguiente el alma nunca puede ser la esposa del cuerpo. Los Upanishad nos han enseñado que el cuerpo es el carro y el alma el amo del carro. Pero Valery tiene absolutamente toda la razón cuando dice que el cuerpo y el alma no tienen el mismo tipo de placer. Sabemos que el cuerpo obtiene placer en la ignorancia y de la ignorancia. Lenta, gradual e inequívocamente llegamos a darnos cuenta de que el placer del cuerpo es la ignorancia misma. En el caso del alma, en lugar de utilizar la palabra “placer”, deberíamos utilizar la palabra “deleite.” El alma siente el deleite en y de la Infinitud y la Eternidad. El deleite del alma es la Infinitud que fluye; el deleite del alma es la Eternidad que resplandece. Cuando la meditación del aspirante transforma el placer-deseo del cuerpo en aspiración-deleite, el alma y el cuerpo no sólo disfrutarán la misma comida, sino que también la disfrutarán al mismo tiempo. Y esa comida es la Verdad. La Verdad al mismo tiempo despierta el cuerpo y pilota el alma.

El otro día alguien me dijo que Dios está complacido con él todo el tiempo, por una razón secreta. Entonces tuvo la voluntad de contarme su precioso secreto: “Aunque tengo muchas cosas que decir contra la creación de Dios, incluso contra Dios Mismo, astutamente ignoro Su mundo de incontables imperfecciones y Lo halago poderosamente en privado y en público. Por eso está Dios tan complacido conmigo todo el tiempo; y bien que debería estarlo.”

Yo le contesté: “Mi querido amigo, hay una ligera diferencia entre tú y yo. Tu sentido de imperfección en el mundo de Dios es enteramente distinto del mío. Tú sientes que la imperfección es algo desalentador, descorazonador, sucio y dañino. Yo tomo la imperfección como algo que está creciendo, como algo que aún tiene que completar su viaje. Tomo la imperfección como un peldaño inevitable en la escalera de la gradual y última perfección. Tomo la imperfección como una experiencia significativa que Dios Mismo está teniendo en y a través de la vida del hombre. Y este mismo Dios disfrutará la perfección, perfecta perfección, en y a través de cada ser humano en el regazo de la Eternidad. Y ahora, respecto a tu adulación a Dios, Él no necesita adulación humana. No tienes que adularlo para ganarte Su Amor, Su Interés y Su Bendición. Dios no espera ni demanda que Lo adules. Dios no es un mendigo. Él no espera nada de ti. Dios no es un autócrata. Él no demanda nada de ti. Lo que Dios es, es Amor. Lo que Dios es, es Alegría. Si puedes amarte a ti mismo profundamente, si puedes descubrir tu verdadera alegría interna, entonces verás que Dios ya está complacido contigo. No trates de complacer a Dios engañándolo. No podemos engañar a Dios. Nunca. Como mucho, lo que podemos hacer, y lo que de hecho hacemos, es engañarnos a nosotros mismos. Emerson tiene toda la razón cuando afirma: ‘Es imposible que un hombre sea timado por nadie excepto por él mismo’.”

Volviendo a nuestra pregunta original : ¿Cómo complacer a Dios? La manera más fácil y efectiva de complacer a Dios es ofreciéndonos constante e incondicionalmente. Intentémoslo. Sin falta triunfaremos. He aquí, Dios está parado justo delante de nosotros. Él está complacido. Dios está realmente y verdaderamente complacido con nosotros.

Bridgeport University
Bridgeport, Connecticut
14 de abril de 1969