Dios, Verdad y Amor

Porque amo a la humanidad, Dios me ama. Porque amo a Dios, la Verdad me ama. Porque amo a la Verdad, realmente y verdaderamente me amo a mismo.

¿Por qué debería Dios amarme? Dios me ama porque yo amo a la humanidad, pero hay otra razón también. Dios me ama porque yo amo Su creación entera. Yo sé y siento que Dios nunca puede ser separado de Su creación. Creador y creación son uno, inseparable. Cuando apreciamos la creación, el Creador está complacido y satisfecho. Cuando nosotros creamos algo, producimos algo, construimos algo, si la gente se da cuenta de nuestro logro y lo aprecia, nos sentimos complacidos porque se trata de nuestra creación. Similarmente, el universo es la creación de Dios. Cuando amamos el universo, amamos simultáneamente a Dios el Creador y a Dios la creación; y ambos, el Creador y la creación, estarán complacidos con nosotros.

Porque amo a Dios la Verdad me ama. La Verdad no tiene existencia sin Dios. Dios es el aliento mismo de la Verdad. La Verdad y Dios son uno, indivisible. Por un lado, la verdad es otro nombre para Dios. Por otro lado, la verdad no puede existir sin Dios, mientras que Dios puede en cada momento trascender la Verdad—la Verdad terrenal y la Verdad Celestial, la Verdad ligada a la tierra y la Verdad libre del Cielo. Dios puede trascender incluso su propia Verdad Trascendental a Su propio Antojo. Aunque podemos decir con seguridad que Dios y la Verdad son uno, sólo Dios tiene el poder de trascender todas la verdades, incluso la propia Verdad más elevada. Es por eso que la Verdad sin Dios está desamparada. Pero cuando amamos a Dios, la Verdad nos ama, porque la Verdad es inmediatamente alimentada por nuestra alma aspirante. Dentro de Dios está la existencia de la Verdad. En nuestra apreciación misma de Dios, la Verdad es alimentada y nutrida. Y la Verdad siente acertadamente que su mensaje único para el mundo puede ser esparcido sólo cuando amamos a su Poseedor, Dios.

Porque amo la Verdad, me amo a mí mismo. Un ser humano es la expresión de la Verdad. Él no es la expresión de la ignorancia, la falsedad, la oscuridad y la muerte. No, él es la personificación, la realización y la expresión de la Verdad—la Verdad menor, la Verdad superior y la Verdad Altísima. En cada momento la Verdad divina está trascendiendo sus fronteras en nosotros. Lo vemos, lo sentimos y lo realizamos cuando vivimos la vida interna, la vida del alma. Porque amo la Verdad, me amo a mí mismo realmente y verdaderamente. Mi existencia y la Verdad son el anverso y el reverso de la misma moneda, que es el ser interno o alma, el representante del Supremo aquí en la Tierra.

Me amo a mí mismo. ¿Qué amo de mí mismo? No mi cuerpo. Si amo mi cuerpo por mi cuerpo mismo, mañana estaré frustrado porque hay millones de seres humanos en la Tierra que son más bellos que yo. Naturalmente me sentiré desgraciado. Si amo mi mente física por mi mente misma, mañana veré a millones de gigantes mentales justo delante de mí, y mi capacidad mental se desvanecerá en la insignificancia. Si amo mi dinamismo vital por mi vital mismo, entonces veré que hay millones de personas que están sencillamente rebosantes de un sobresaliente dinamismo. De manera similar, si amo cualquier cosa mía, por esa cosa misma, estoy llamado a sentirme frustrado. Derrotaré a mi propio propósito divino. Pero si me amo precisamente porque Dios está expresándose a través de este cuerpo, vital, mente y corazón, entonces veo que soy único e incomparable en toda la historia del universo. Ningún otro Chinmoy va a ser creado por Dios con las mismas capacidades, el mismo entendimiento, las mismas experiencias. Cada individuo puede amarse a sí mismo precisamente porque es un canal directo de lo Divino. Dios quiere expresarse en cada individuo de una manera única. Cuando devenimos consciente y completamente uno con Dios, no sólo lo completamos a Él sino que nos completamos también a nosotros mismos.

Cuando digo que real y verdaderamente me amo porque amo la Verdad, eso significa que siento conscientemente que la Verdad está respirando constantemente en mí, conmigo y para mí. Mi aliento mismo en la Tierra es la viva realidad de la Verdad. Me amo y adoro a mí mismo en cada momento—no por amor a mi cuerpo sano, mi dinámico vital, mi refinada mente y mi corazón puro, sino porque Dios está dentro de mí, Dios me está utilizando, Dios está colmándose en mí y a través de mí. Esta es la única razón por la que mi cuerpo, vital, mente y corazón son y deben ser amados por mí. Cada individuo ha de estar cargado con esta suprema Verdad y debería sentir conscientemente que su vida en la Tierra es la manifestación externa del Hálito interno del Supremo.

Southwestern University
Cebu City, Filipinas
31 de octubre de 1969