Oriente y Occidente

Dice Oriente: «He visto el Rostro de Dios. Ahora debo ver Sus Pies». Dice Occidente: «He visto los Pies de Dios. Ahora debo ver Su Rostro».

Dice Oriente: «He visto la Trascendencia de Dios». Dice Occidente: «He visto la Inmanencia de Dios».

Oriente considera la vida como un continuo crecimiento desde la materia hacia el espíritu. Occidente considera la vida como un continuo crecimiento desde la sencilla vida material hacia un desarrollo científico complejo y siempre expansivo.

El indiferente Oriente sintió que no tenía nada que escuchar de Occidente. El orgulloso Occidente pensó que no tenía nada que aprender de Oriente.

Según Oriente, Occidente es cualquier cosa menos divino. Según Occidente, Oriente es indolente. No es exagerado decir que Oriente tiene un temor terrible a la vida dinámica. Asimismo, Occidente tiene un temor terrible a la solitaria calma del ser.

Puede que a Oriente le falte cuidado, detalle y exactitud, pero a Occidente le está faltando amplitud, vastedad y universalidad. Oriente carece de una inteligencia terrenal, práctica. Occidente carece de la incomparable realización del Ser.

Oriente siente que el dominio de los propios movimientos internos es la verdadera plenitud de la vida. Occidente cree que el dominio del mundo es la verdadera plenitud de la vida.

La humildad y la devoción son para Oriente un derecho de nacimiento. La honestidad y la franqueza son para Occidente un derecho de nacimiento. La combinación de estos cuatro poderes debería ser el ideal del ser humano.

Oriente ha querido conquistar al mundo en nombre de la Liberación. Occidente ha querido conquistar al mundo en nombre del comercio y de la religión.

Oriente posee el control del Espíritu. Occidente posee el control de la Materia. El Espíritu es existencia creativa y consciente. ¿Qué es la Materia? Es todo menos sustancia mecánica inanimada. La Materia es Energía vibrante que dentro de sí oculta deliberadamente Vida y Conciencia.

El individuo de Oriente está contento de guiarse por el lema: «Déjenme vivir sin ser visto ni conocido y déjenme morir sin ser llorado». Y podría agregarse: «Dejemos que todo se haga sin demasiado esfuerzo». El individuo de Occidente, por el contrario, parece desear la completa expresión de su individualidad; desea construir para sí mismo una posición fuerte y poderosa en su propio mundo.

La muy antigua experiencia de Oriente con la vida espiritual, le ha enseñado equilibrio interior y ecuanimidad en el trabajo. Puede permanecer apartado de la frustración, la agitación, la irritación por trastornos menores y todo lo que perturba el equilibrio interno. Puede hacer tranquilos reajustes y continuar con la misma calma. Esto es lo que Occidente todavía tiene que aprender.

La intensiva experiencia de Occidente con el progreso material le ha enseñado a ser objetivo en el trabajo. Ha aprendido a quedar apartado del favoritismo, el nepotismo y otras consideraciones personales al llevar a cabo un trabajo necesario. Puede hacer el trabajo por su propio bien, con rapidez y eficacia, y con la mejor mano de obra disponible. Esto es lo que Oriente todavía tiene que aprender.

La filosofía de la India es, en su origen, la búsqueda de la Verdad más elevada. Unicamente la Realidad que está más allá de los sentidos ha sido capaz de saciar la sed interna de Oriente.

La filosofía europea es, en su origen, un examen de las ideas por medio del intelecto crítico. Hasta ahora, la razón y el intelecto han sido suficientes para alimentar al hambriento Occidente.

Es ahora cuando Oriente y Occidente han llegado a descubrir la necesidad de un matrimonio entre la Mente y el Espíritu.

Oriente y Occidente pueden considerarse como dos ojos del mismo cuerpo humano. Las otras divisiones y distinciones humanas –raciales, culturales y lingüísticas– están destinadas a desaparecer de la conciencia humana cuando esta se inunde con la Luz y la Fuerza supramentales. Esta es la consecuencia inevitable de la Hora de Dios que está alboreando por todo el mundo. Las diversidades estarán ahí, enriquecidas y acrecentadas en su plena medida. Pero estas diversidades no serán perturbaciones para la conciencia general sino al contrario, serán felices y armoniosos complementos para un todo único. La humanidad será una verdadera familia humana en el pleno sentido del término y en un sentido todavía desconocido. La respuesta a la nueva Luz excederá ciertamente las expectativas humanas.

La conciencia despierta del hombre está tendiendo visiblemente hacia lo Divino. Este es un rayo de luz sumamente esperanzador en medio de la oscuridad que hoy nos rodea. Este es un momento, no simplemente de unir las manos sino de unir las mentes, los corazones y las almas.

Atravesando toda las barreras físicas y mentales entre Oriente y Occidente, muy por encima de los patrones nacionales, por encima incluso de patrones individuales, ondeará el estandarte supremo de la Unicidad Divina.

–Sri Chinmoy, 'Yoga y la vida espiritual', 1974