Nuestro Sendero (I)

Nuestro sendero es básicamente el del corazón y no el de la mente. Esto no quiere decir que critiquemos el sendero de la mente. Ni mucho menos. Simplemente sentimos que el sendero del corazón nos lleva más rápido hacia nuestra meta.

Supongamos que quiero ir a un lugar que está a mil kilómetros de distancia. Puedo llegar allí caminando o volando. Sin duda alcanzaré mi destino considerablemente antes si vuelo en un avión.

"La Barca Dorada" pintura de Sri Chinmoy.

De modo similar, si empleamos nuestro corazón aspirante y no la mente dudosa, alcanzaremos mucho antes nuestro objetivo. El corazón es todo amor. La mente es a menudo toda confusión. Al decir corazón, nos estamos refiriendo al corazón espiritual, el cual está rebosante de amor divino.

El corazón es tremendamente significativo porque en su interior se halla la presencia viva del alma. Es cierto que la conciencia del alma abarca todo el cuerpo, pero la verdadera ubicación del alma es el interior del corazón. El alma tiene todo: Paz, Luz y Deleite en medida infinita. Obtenemos estas cualidades divinas directamente desde el alma dentro del corazón. Y desde el corazón podemos llevarlas a la mente, al ser vital y al propio físico.

Dios es sumamente sencillo. Somos nosotros quienes pensamos que es complicado. Dios habla el lenguaje más sencillo, solo que nosotros no lo entendemos. Estamos todos sordos. Hemos estado sordos durante milenios. El pobre Dios ha estado hablando constantemente, sin cesar, pero nosotros no tenemos tiempo para escucharle.

Nuestro sendero es el de la sencillez. Un niño es sencillo: ama a su madre. No tiene que amar a nadie más: su madre es su mundo entero. Él se consagra a su madre. Si su madre le pide que haga algo, él hace caso a su madre. Un niño es tan sencillo que intenta hacer todo para complacer a la madre; y complaciendo a la madre está haciendo lo corrrecto y alcanzando su más alto objetivo.

En la vida ordinaria, cuando una persona ama a otra, pasa la mayor parte de su tiempo con esa persona en particular. Consagra su precioso tiempo a esa persona. Si es un amor humano verdadero –no amor divino, sino amor humano–, entonces algunas veces se somete a los caprichos de la otra persona, aún cuando estos sean absurdos. Se entrega porque ambos han formado un lazo externo e interno basado en su amor. De modo que cuando una persona ama a otra, está dispuesta a sacrificar incluso su preciosa sabiduría.

En la vida espiritual es completamente distinto. El amor divino nunca nos ata. Muy al contrario, nos expande y nos libera. Cuando vemos y sentimos que estamos siendo liberados, sentimos internamente una obligación divina de hacer algo por nuestro Piloto Interno. ¿Cómo podemos permanecer apartados de Aquel que nos lo ha dado todo, que nos ha traido el mensaje del Amor y la Compasión divina? ¿Será posible no ofrecerle algo a cambio? Si permanecemos en la vida externa, únicamente intentamos asirlo y poseerlo todo, incluso lo que pertenece a otros. Pero si vivimos en el alma, intentamos dar constantemente todo lo que tenemos y todo lo que somos al Piloto Interno. Amor divino quiere decir auto-ofrecimiento.

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