Ejercicio: deviniendo el alma


Para purificar tu mente, lo mejor es sentir cada día por unos minutos durante tu meditación, que no tienes mente. Te dirás: “No tengo mente, no tengo mente. Lo que tengo es el corazón.” Después de unos momentos sentirás: “No tengo corazón. Lo que tengo es el alma.” Cuando digas “Yo tengo alma,” en ese momento serás inundado de pureza. Pero tienes que ir aún más profundo y más lejos, no sólo diciendo “Tengo alma,” sino también “Yo soy el alma.” En ese momento, imagina el niño más hermoso que hayas visto jamás y siente que tu alma es infini­tamente más hermosa que ese niño.

En el momento en que puedas decir y sentir “Yo soy el alma,” y meditar en esta verdad, la pureza infinita de tu alma entrará en tu corazón. Entonces, desde el corazón, la pureza infinita entrará en tu mente. Cuando puedas sentir verdaderamente que sólo eres el alma, el alma purificará tu mente.