Ejercicio: Dios me quiere


Enfoca tu atención en una imagen. Puedes mirar la imagen de tu Maestro o puedes mirarte a ti mismo en el espejo. Si te concentras en tu propio reflejo, siente que eres totalmente uno con el ser físico que estás viendo. Entonces trata de entrar en la imagen que estás viendo. Desde ahí deberías intentar crecer con un pensamiento: Dios te quiere y tú necesitas a Dios. Repite: “Dios me quiere, yo necesito a Dios. Dios me quiere, yo necesito a Dios.” Entonces verás que este pensamiento divino está entrando en ti, lenta, firme e inequívocamente, permeando tu exis­tencia interna y externa, dándote pureza en la mente, en el vital y en el cuerpo.