7. PyR: el corazón y el alma

P. ¿Es aconsejable intentar abrir el tercer ojo en la meditación?

R. El ojo interno debe ser abierto sólo cuando haya pureza y madurez interna, y cuando ni el pasado ni el futuro vayan a perturbarte. Muchas veces el recipiente no está preparado, pero  el aspirante, mediante una tremenda determinación, consigue abrir el tercer ojo. El resultado entonces es de lo más desalentador y dañino. Cuando no estás maduro espiritual­mente, si ves con tu tercer ojo que tu madre va a morir mañana, entonces hoy te morirás tú de ansiedad y preocupación. O si llegas a conocer algún incidente desafortunado que ocurrió en tu pasado, te sentirás extremadamente miserable y no tendrás fuerza para seguir adelante.

Hay personas que han abierto el centro entre las cejas antes de haber abierto su corazón y, por la Gracia del Supremo, no han cometido errores serios usando este poder. Pero la mayoría de las veces, a menos y hasta que el centro del corazón haya sido abierto y la parte emocional de nuestra naturaleza haya sido totalmente purificada, el aspirante caerá víctima de despiadadas tentaciones si abre el tercer ojo. Intentará ver algo internamente y se lo dirá en seguida a los demás o intentará entrar en alguien por curiosidad, para ver lo que está pasando en la natura­leza de esa persona. Hay mil y una cosas que pueden finalmente desviar al aspirante lejos, muy lejos del camino de la espiritualidad.

Para los principiantes especialmente, es siempre acon­sejable meditar en el centro del corazón. De hecho, incluso si ya estás avanzado, deberías meditar ahí, porque en el centro del corazón obtienes alegría y devienes parte integral de aquello en lo que estás meditando. Si te concentras en el tercer ojo, tal vez no tengas el sentimiento de unicidad. Tal vez veas luz, pero sentirás que no es tuya; pensarás que quizá no era en absoluto luz sino imaginación o alucinación. La duda puede entrar en tu mente. Pero cuando empleas el corazón, de inmediato sientes que la alegría que obtienes es tuya, la paz que sientes es tuya; cualquier cosa que sientes se vuelve tuya. Esta es la capacidad de unicidad del corazón.

Oh mi corazón, Oh corazón mío, eres el velero de mi vida. Navegas los mares inexplorados de la ignorancia y alcanzas la Ribera Dorada del Más Allá. Oh dulce, más dulce, dulcísimo corazón mío, no sólo eres tú de Dios. Dios es también tuyo.