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Un mar de tranquilidad

La meditación es como ir al fondo del mar, donde todo es calma y tranquilidad. Puede haber una gran cantidad de olas en la superficie, pero el mar no se ve afectado abajo por ellas. En sus más hondas profundidades, el mar es todo silencio. Cuando comenzamos a meditar, intentamos primero alcanzar nuestra propia existencia interna, nuestra verdadera existencia –es decir, el fondo del mar. Entonces, cuando vienen las olas del mundo externo, no nos afectarán. El miedo, la duda, la preocupación y toda la agitación terrenal serán disipadas, porque dentro de nosotros hay paz sólida. Los pensamientos no pueden molestarnos, porque nuestra mente es todo paz, silencio y unicidad. Los pensamientos, como los peces del mar, saltan y nadan pero no dejan huella. Cuando estamos en nuestra más elevada meditación, sentimos que somos el mar y que los animales en el mar no pueden afectarnos. Sentimos que somos el cielo, y todas las aves que pasan volando no pueden afectarnos. Nuestra mente es el cielo y nuestro corazón es el mar infinito. Esto es meditación.