Esfuerzo y aspiración conscientes
La espiritualidad no se puede lograr por la fuerza. No podemos tirar
de la luz espiritual para que descienda por las buenas o por las malas.
Cuando descienda por sí misma, sólo podremos recibirla en virtud de
nuestra aspiración. Si intentamos forzar que la luz descienda más allá
de nuestra capacidad de receptividad, nuestro recipiente interno se
quebrará. ¿Cómo recibimos esta luz de lo alto? ¿Cómo expandimos nuestra
conciencia para que nuestra receptividad aumente? La respuesta es la
meditación.
La meditación no significa tan sólo sentarse en silencio cinco o diez
minutos. Requiere un esfuerzo consciente. Hay que acallar y
tranquilizar la mente. Al mismo tiempo, la mente tiene que estar alerta
para no dejar que entren pensamientos o deseos que la distraigan.
Cuando podamos calmar la mente, sentiremos que una nueva creación está
amaneciendo en nuestro interior. Cuando la mente está tranquila y
vacía, y toda nuestra existencia se convierte en un receptáculo vacío,
nuestro ser interno puede llenarse, invocando la paz, la luz y el
deleite infinito. Esto es meditación.
La meditación es el lenguaje de Dios. Si queremos conocer la
Voluntad de Dios en nuestra vida, si queremos que Dios nos guíe, nos
forme y Se colme en nosotros y a través de nosotros, entonces la
meditación es el lenguaje que debemos utilizar.
Cuando creemos que somos nosotros mismos los que estamos
intentando meditar, la meditación parece complicada. La verdadera
meditación no la hacemos nosotros. Es el Supremo, nuestro Piloto
Interno, quien la hace. Él está meditando constantemente dentro y a
través de nosotros. Nosotros sólo somos el recipiente, y estamos
permitiéndole que nos llene con toda Su Conciencia. Comenzamos con
nuestro esfuerzo personal, pero una vez que profundizamos, vemos que no
es nuestro esfuerzo lo que nos está permitiendo entrar en la
meditación. Es el Supremo quien está meditando en y a través de
nosotros con nuestro consentimiento y conocimiento consciente.
El alma de cada persona tiene su manera propia de meditar. Mi manera de
meditar no te servirá a ti, y tu manera de meditar no me servirá a mí.
Hay muchos aspirantes para quienes la meditación no es fructífera
porque no están haciendo la meditación adecuada para ellos. Si no
tienes un Maestro espiritual que pueda orientarte, entonces tienes que
profundizar en tu interior y obtener tu meditación en los
rincones más íntimos de tu corazón.
Esto es muy difícil para un principiante. Tienes que ir muy, muy
adentro de ti mismo y ver si escuchas una voz, un pensamiento o una
idea. Después, tienes que profundizar dentro de esa voz o esa idea, y
ver si te da un sentimiento de gozo interno o de paz, donde no existan
preguntas, ni problemas, ni dudas. Sólo cuando obtengas este tipo de
sentimiento, podrás saber que la voz que escuchaste es la verdadera voz
interior que te ayudará en tu vida espiritual.
Si tienes un Maestro realizado, su mirada silenciosa te enseñará a
meditar. Un Maestro no tiene que explicarte externamente cómo se medita
ni darte una técnica específica de meditación. Él simplemente meditará
en ti, e internamente te enseñará a meditar. Tu alma entrará en la suya
y aprenderá de ella. Todos los verdaderos Maestros espirituales enseñan
meditación en silencio.
La meta final de la meditación es establecer nuestra unión consciente
con Dios. Todos somos hijos de Dios, pero ahora mismo no tenemos
unicidad consciente con Dios. Alguien puede creer en Dios, pero esta
creencia tal vez no sea una realidad en su vida. Sólo cree en Dios
porque un santo o un yogui o un Maestro espiritual ha dicho que hay un
Dios, o porque ha leído acerca de Dios en los libros espirituales. Pero
si practicamos la meditación, llegará un día en que estableceremos
nuestra consciente unicidad con Dios. En ese momento, Dios nos da Su
paz infinita, Su luz infinita y Su dicha infinita, y nos convertimos en
esta paz, luz y dicha infinitas.
