Una hora fija es importante
Tanto si meditas por la mañana como al atardecer, es de suma importancia tener una hora fija para la meditación. Incluso un bebé llorará por la leche de su madre a una hora fija. Cuando tienes una tienda, si abres la puerta siempre a las nueve en punto, todos confiarán en que pueden venir a las nueve y encontrarla abierta. Todas las cosas tienen su propia hora. Tu ser interno y tu Piloto Interno, el Supremo, siempre observan. Si meditas siempre a la misma hora, el Supremoentonces confía en ti. El Supremo dice: “A esta hora no está holgazaneando, está meditando. Si le ofrezco algo a esta hora, sin duda estará allí para recibirlo”.
Deberías acordar con Dios una cierta hora para vuestro encuentro diario. Cuando Él viene a esa hora, si estás profundamente dormido, te perdonará. Simañana tampoco estás allí, serás perdonado otra vez . Pero tú no podrás excusarte. Tu unicidad con Dios no te permitirá perdonarte a ti mismo. Tu alma te punzará de tal manera que te sentirás miserable. El amor de tu alma por lo Altísimo es muy importante para ti. Cuando tu Amigo Eterno va a venir, el anfitrión quiere estar preparado. La mente humana es algo muy traicionero. Si la dejamos a su aire, la mente oscura e ignorante tratará de impedir que hagas lo que escorrecto espiritualmente. Encontrará muchas excusas para impedirte cumplir el deseo de tu alma. Pero si tu aspiración es sincera e intensa, la disciplina de haber establecido un momento para meditar te ayudará a luchar contra la letargia y la tendencia a divagar de la mente.
Cuando no prestes tu atención a innumerables cosas externas, verás que la verdad está mirándote directamente y dándote la fortaleza para disciplinar tu vida.
Supongamos que quieres meditar a las seis y media. Esa es tu hora elegida. Si te levantas a las siete, tu propia letargia y pereza se llevarán toda tu inspiración. Por un lado, tu letargia intentará justificarse. Entrará en tu mente consciente y te dirá: “Bueno, anoche volví muy tarde a casa; por eso no he podido levantarme hoy.” O bien dirá: “En los últimos seis días me he levantado a las seis y media. Puesto que Dios es todo amabilidad, hoy me perdonará.” Tu mente puede justificarde muchas maneras el que te levantes tarde. Pero aunque ayer llegaste tarde a tu casa, eso no significa que no vayas a hacer primero lo primero. Lo primero es la meditación; lo primero es Dios.
Una vez que comienzas tu viaje, si no sigues moviéndote hacia tu objetivo, estás perdido. Puedes pensar: “Hoy estoy cansado, así que pararé aquí y descansaré. Mañana continuaré de nuevo.” Pero tienes que saber que la ignorancia está más alerta que tu propia aspiración. Una vez que empiezas a justificarte a ti mismo, la cosa no tiene fin. La regularidad te dirá que la meta es real. Pero si eres puntual, de inmediato está presente una especie de dinamismo y movimiento. Tu regularidad es como un motor. Puesto que tienes un motor, sabes que puedes conducir en cualquier momento. La puntualidad es cuando de hecho giras la llave y enciendes el motor. Con la regularidadsolamente obtienes una vaga idea de que lo harás. Pero con la puntualidad lo haces realmente.
Si eres regular y puntual en tu meditación, te darás cuenta de tu propio progreso. Si puedes meditar sincera y fervorosamente a una hora fija todos los días, llegará el día en que serás un experto. En ese momento, serás capaz de meditar mientras estés haciendo cualquier cosa, y no necesitarás una hora fija. Finalmente, serás capaz de meditar veinticuatro horas al día, incluso cuando estés hablando con gente y haciendo tus múltiples actividades diarias. Pero para esto necesitarás muchos años –tal vez muchas vidas– de práctica.
Ningún camino puede ser demasiado arduo para ti, si tienes un regalo de Dios: la fe en ti mismo.
