Los frutos en el sendero de la meditación
Cada experiencia es un bello incidente dentro de mi corazón.
Cada experiencia es una poderosa realidad dentro de mi alma.
Hay muchos caminos que conducen a la meta. Un camino puede tener
bonitas flores a ambos lados, otro camino quizá sólo tendrá unas pocas
flores, y un tercer camino tal vez no tenga ninguna flor en absoluto.
Si tres buscadores siguen caminos distintos conforme a las necesidades
y las preferencias de sus almas, cada uno de ellos alcanzará finalmente
la meta, habiendo tenido experiencias muy distintas en su viaje.
Cada experiencia es un paso hacia la realización. Cada
experiencia te da confianza adicional en ti mismo. Cada experiencia te
alienta, te da energía para continuar más lejos, y te da enorme
deleite. Mientras tienes la experiencia, tal vez sientas la presencia
de un guía invisible dentro de ti empujándote hacia el objetivo. Antes
de obtener esa fruta que llamas el objetivo, es posible que quieras
probar muchas frutas diferentes. Pero sólo cuando comes la fruta que es
tu objetivo obtienes satisfacción plena.
Algunos aspirantes sienten que no quieren ninguna fruta sino la fruta
de la realización de Dios, así que las experiencias espirituales, como
tales, no son en absoluto necesarias para ellos. Si tienes la capacidad de correr muy rápido, no necesitas entonces
tener miles de experiencias antes de realizar a Dios. Tu conciencia en
expansión, a medida que creces hacia Dios, es por sí misma una sólida
experiencia.
Cuando tienes una experiencia interna, tal vez no puedas decir
si es verdadera o no. Este problema sólo surgirá si no tienes un
Maestro. Si tienes un Maestro, él te podrá decir en seguida si estás
teniendo experiencias internas fructíferas o si sólo estás engañándote
a ti mismo. Un Maestro espiritual puede fácilmente decirlo sin la más
mínima duda o vacilación.
Si no tienes un Maestro, aún puedes resolver este problema.
Sencillamente concéntrate en tu corazón espiritual. Si la experiencia
que estás teniendo es genuina, sentirás un hormigueo en tu corazón,
como si una hormiga estuviera caminando por allí.
Hay otras maneras de saber si tu experiencia es genuina. Procura
respirar tan lenta y tranquilamente como puedas, y siente que estás
trayendo pureza a tu sistema. Siente que la pureza está entrando en ti
como un hilo, y que está dando vueltas alrededor de tu chacra del
ombligo. Si te concentras en tu experiencia y sientes que tu corazón
espiritual no está dispuesto a entrar en el chacra del ombligo, sabrás
que tu experiencia es una mera alucinación. Pero si el corazón entra
alegremente en el ombligo, entonces puedes estar seguro que tu
experiencia es absolutamente verdadera y genuina.
Además, cuando tengas una experiencia, intenta sentir durante un par de
minutos si puedes crecer en esa experiencia o no. Si sientes que
finalmente podrás convertirte en esa experiencia, entonces la
experiencia es genuina. Pero si sientes que la realidad es otra y que
nunca podrás convertirte en la experiencia, entonces la experiencia no
es genuina.
Cuando tienes una experiencia, procura separar tu vida interna
de tu vida externa. La vida externa es la vida de la necesidad humana y
las demandas terrenales. La vida interna es también una vida de
necesidad, pero es la necesidad de Dios, no tu necesidad –las demandas
de Dios, no tus demandas. Procura sentir si es la necesidad de Dios la
que está operando en y a través de tu experiencia, y también si Dios
necesita y quiere colmarse en ti y a través de ti. Si tienes ese tipo
de sentimiento o realización, entonces tu experiencia es genuina. La
verdadera experiencia sólo viene cuando quieres y necesitas
sinceramente la vida interna y cuando Dios necesita y quiere la vida
interna en ti y a través de ti. Si has llegado a ese entendimiento,
entonces todas tus experiencias serán verdaderas; tienen que ser
verdaderas.