La Voluntad Indomable del Alma

Nos concentramos con la iluminadora agudeza de la mente. Meditamos con la expansiva vastedad del corazón. Contemplamos con la colmadora unicidad del alma.

Cuando nos concentramos somos como una bala entrando en algo o como un imán atrayendo el objeto de concentración hacia nosotros. En ese momento, no dejamos entrar en nuestra mente ningún pensamiento, sea divino o no divino, terrenal o celestial, bueno o malo. En la concentración, la mente entera tiene que estar enfocada en un objeto o sujeto en particular. Si nos estamos concentrando en el pétalo de una flor, intentamos sentir que no existe otra cosa en el mundo excepto el pétalo. No miramos adelante ni atrás, arriba ni adentro; tan sólo tratamos de atravesar el objeto con nuestra aguzada concentración. No es una manera agresiva de entrar en algo. Esta concentración viene directamente de la voluntad indomable del alma, o fuerza de voluntad.

Cuando quieres practicar la concentración en un objeto, deberías escoger algo que te dé alegría inmediata. Si tienes un Maestro, la foto de tu Maestro te dará alegría inmediata. Si no tienes un Maestro, elige algo que sea muy bello, puro y divino, como por ejemplo, una flor.